Joan Ignasi Domènech: : “No entiendo como hemos tardado tanto en entender que la garnacha es una joya”

Temática: 
06/26/2019

Merecedor recientemente del premio Viña de la DO Montsant, Joan Ignasi Domènech es el alma de Vinyes Domènech, que elabora el único vino de finca de la DO Montsant. No se cansa de defender las virtudes de la garnacha, y eso le ha llevado a presidir la asociación Tierra de Garnachas y a impulsar todo tipo de iniciativas para mejorar el cultivo y hacer más conocida esta variedad.

En pocos años, te has convertido en un abanderado de la garnacha. ¿Por qué? Lo tenías claro desde que fundaste Vinyes Domènech?

Al principio, cuando yo llegué aquí, a Montsant, lógicamente sabía que esta es una tierra de garnachas. Pero la verdad es que mucha gente te decía que la garnacha es una variedad excesivamente alcohólica y oxidativa, y la mayoría hacía hincapié en una gran cantidad de supuestos defectos y desventajas que se le asociaban. Hasta el punto de que cuando compramos la que ahora es la viña del Teixar, a los pies de la sierra de Llaberia, me decían que la garnacha no da color, que tiene demasiado grado, que no tiene suficiente acidez...

Todo eran pegas, vaya.

Todas las pegas del mundo. Además, a mí me costaba entender que una variedad pueda dar tantos problemas cuando resulta que, tradicionalmente, es una variedad que hace siglos que está cultivada en esta tierra. Es la variedad dominante y mejor adaptada a la DO Montsant, con lo cual pronto tuve claro que en aquella finca apostaríamos fuerte por la garnacha tinta y peluda, y que haríamos un vino monovarietal. No me dejé convencer de lo contrario por nadie. Aunque ahora no entiendo como hemos tardado tanto en entender que la garnacha es una joya.

No hace tantos años que había quien sólo hablaba bien de las variedades foráneas...

Era aquella idea que hizo fortuna y que sostenía que variedades como la garnacha o la cariñena sólo funcionaban bien si las mejorabas con variedades foráneas como el cabernet, el merlot o el syrah. Este discurso estaba muy asumido, y lo que nosotros hemos intentado es tratar de cambiar este discurso. Es decir, en vez de repetir a todas horas que la garnacha es oxidativa y excesivamente alcohólica, empezamos a decir que la garnacha es voluminosa, mediterránea y elegante si la sabes trabajar bien.

Ahora tiene mejor prensa, la garnacha.

Yo creo que hemos conseguido que la percepción sobre la garnacha ya haya cambiado. Ahora la garnacha es una palabra que se destaca en las etiquetas, como un elemento que da prestigio. Y esto ha cambiado en cosa de diez años, cuando resulta que hace 600 años que la cultivamos en nuestro país. Yo creo que en este cambio hemos tenido mucho que ver toda una serie de gente que hemos trabajado en esta línea, y que en Cataluña hemos creado la asociación Tierra de Garnachas y hemos impulsado el Día Internacional de la Garnacha y el Concurso Mundial de las Garnachas, entre otras iniciativas. No hemos parado ni un solo momento.

¿Por qué nos pasan estas cosas en este país? ¿Por qué somos capaces de renegar de la garnacha o de otras cosas propias sin muchas manías?

Yo creo que lo llevamos en el ADN. No acabamos de creer en nosotros mismos, ni en todo lo que tenemos. Siempre necesitamos seguir las tendencias que nos vienen de fuera, y las cosas que se ponen de moda internacionalmente. Esto se nota también, por ejemplo, en el modo de elaborar vinos. Aquí no tenemos aún una escuela bien definida. En Châteauneuf-du-Pape, por ejemplo, no dudan como deben hacer los vinos. Hace 200 años que los hacen de la misma manera, más o menos, y cada bodega tiene su identidad y su carácter, en función de su tierra y de su propia tradición. En cambio, aquí siempre vamos cambiando, influenciados por todas las modas. Que ahora se pone de moda el cemento, todos corremos a poner depósitos de cemento. Que ahora la crítica valora la madera en los vinos, todos venga a comprar barricas... A nosotros, esto no nos interesa. Nosotros queremos poner en la botella lo que tenemos: una finca con un determinado paisaje y una variedad, que es la garnacha. Quiero que cuando alguien bebe un vino nuestro, perciba que hace un viaje a la sierra de Llaberia. Y ahora de lo que se trata es de mantener esta filosofía en el tiempo con trabajo, pasión y convicción.

¿Cómo trabajáis vosotros la garnacha?

Yo pienso que parte del problema de la garnacha ha sido que, después de la filoxera, se optó por buscar y generar clones que fueran muy resistentes y productivos, y que sobre todo dieran una gran cantidad de kilos. Cuando nosotros compramos la finca, de cada hectárea salían 5.000 kilos de garnacha. Ahora, en cambio, la hectárea que más produce no pasa de 1.500 kilos, y en el caso del vino Teixar la producción no pasa de los 700. Encima, nosotros miramos los nutrientes de la tierra, cuidamos la vegetación (tenemos más de 200 plantas silvestres clasificadas en la finca, con el objetivo de que den equilibrio)... y si haces las cosas así, la garnacha es una variedad excepcional e incluso te da color. Cada variedad es una cosa u otra en función de cómo tú la trabajas. Hemos de creer, en la garnacha.

La DO Montsant os ha reconocido recientemente con su premio Viña. ¿Cómo interpretas y valoras el reconocimiento?

De todos los galardones y puntuaciones que hemos recibido durante nuestra corta trayectoria como bodega, te aseguro que este es el reconocimiento que más ilusión me ha hecho y más me ha emocionado. Tiene un valor sentimental muy alto para mí porque, aunque yo no sea hijo aquí, mis padres y mi familia eran prioratinos, y de pequeño yo venía mucho. Esta es una tierra que quiero, y que te valoren el trabajo y el esfuerzo que hemos hecho, es muy bonito. Además, la presidenta de la DO Montsant, Pilar Just, recordó en su discurso que, hace años, yo le había hecho una defensa cerrada de la garnacha peluda cuando casi nadie hablaba de ella. Le estoy muy agradecido a Pilar Just, que es una de las personas que más me ayudó cuando yo aún no tenía bodega. Creo que es esta tozudez y convicción en defensa de la tierra, lo que la DO Montsant ha valorado del proyecto de Vinyes Domènech.

Visto lo que dices, parece lógico que el Teixar se convirtiera en el primer vino de finca de la DO Montsant. ¿Por qué este paso adelante?

Porque yo pienso que Cataluña debe tener sus grandes crus, como tienen otros países, y cuando hablo de grandes crus no me estoy refiriendo a los vinos más buenos, sino a aquellos vinos que representan toda una armonía y honestidad desde la tierra hasta la botella. No podía ser que la DO Montsant con todos los rincones y el patrimonio que tiene no contara con ningún vino de finca. Además, el Teixar es un vino de finca bastante especial porque es el primer vino 100% de garnacha, procedente de un paraje natural y de una finca cultivada ecológicamente y biodinámicamente, y además es de una variedad que, en origen, es hija de las comarcas de Tarragona. Es decir, realmente es un vino de pago, de un lugar, de un terroir. Los vinos de pago deben ser incomparables entre ellos, que es de lo que se trata. Deben mostrar sus particularidades. Y la verdad es que yo pienso que a Montsant le conviene tener más vinos de pago reconocidos.